Llegan las monedas de peso, los campos en la noche
en la ruta nocturna, con sus hadas de fuego fatuo;
llegan los diminutos, los primeros meses de derroche,
siendo parte de esa cofradía que quiere desafiar lo inicuo.
Llega la temporada de canción, la coronación en cobre
que define melodías tardías en tantos versos pobres;
llega el deseo y la frustración, la ira y la malversación.
Me estoy poniendo violenta,
me estoy convirtiendo al azul,
me rompo la garganta
bebiendo sorbos de mordiscos.
Perdiendo el ejercicio prístino,
al mismo tiempo de la empresa misteriosa.
No se a dónde puedo llegar a ir sin pisar,
así como una huella es una huella,
porque está en el suelo,
quiero volar inadvertido.
Desierto
martes, 13 de noviembre de 2012
viernes, 12 de octubre de 2012
Tenía que pasar
Hoy, temprano, encontré una perla. En el bolsillo, casi impalpable, casi desapercibida, una perla de más de varios meses, perdida. Adiestrado como nunca antes, no la llevé a la boca; erradicado de mis piedras trabalenguas, tampoco la tiré más allá del horizonte curvilíneo para encontrarla después. Apreté fuerte la mano, donde había sujetado la perla. Sentí dolor y logré que encajara desde mis cicatrices sincrónicas en la palma, y luego en el resto del brazo, luego en el cuerpo entero.
Y lo veía venir, como parte de la espera, al final recurrente de encontrar la perla. Pero la espera era larga, más larga que nunca antes y me aterrorizaba no encontrar más de esas cosas en mis rincones. Al vacío de la ola tremenda, que fue esa emoción de cumplir mi turno, le encajé el dedo y ahora la llevo, confiado, de anillo. Con este remolino entre los dedos ahora me lavo antes de decir lo que tenga que decir, bien fuerte las orejas. Y tiro vasos, esperando que se quiebren, nuevamente, desdichadamente, para festejar que estoy vivo y que "un fantasma perloso recorre mis entrañas".
Afuera el descontrol se abre de piernas para mí, mientras a mis espaldas pasan cosas. Cierro los párpados para ver manchas y a mis espaldas, me tranquiliza que pasen cosas. Cosas que no volveré a voltear para verles la cara. Es innecesaria la violencia donde no hay amor. Es descarado pensar una vida sin desamor. Viva el desamor.
Entrego a todos mis compañeros una parte de mí, total, tengo una perla. Perla inestable, incisiva, incauta, iracunda, irregular. Perla gaucha, perla toro, perla ciudadana, perla que gira turbia. Consigo, el diamante, atraviesa los cables con preciosa precisión carbónica. Conmigo, la perla, une las partes del vaso que sigue rompiéndose día a día. Perla compañera en la braza abrazadora, en el fondo del cántaro, en el borde de la madrugada.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Vanagloria del silencio
Canción cancionera de las praderas,
silbido rasposo de vereda.
Mitos,
que se quejan,
que se encuentran y que habitan
cerca, muy cerca,
de la aorta que dirige la batuta.
Es al mismo tiempo.
Influjo de propóleos.
que dan sanidad y sentencian.
Calma por cadena perpetua.
silbido rasposo de vereda.
Mitos,
que se quejan,
que se encuentran y que habitan
cerca, muy cerca,
de la aorta que dirige la batuta.
Es al mismo tiempo.
Influjo de propóleos.
que dan sanidad y sentencian.
Calma por cadena perpetua.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Podría ser así
Descansa la vista
a la sombra de este abismo
circulador.
¡Ruge! Ruge la henchida obstinación desenfrenada.
Perfora heridas potenciales,
reúne a tus bastardos a la mesa.
Dales todo lo guardado durante
la primavera en la despensa.
Esta temporada está abierta
a darse cierre en un chasquido.
No nos falta abrigo
pero nos abrigamos con lo que falta.
Basta ya de diccionarios,
suficiente ya de las guerras del ismo.
No somos enemigos.
No somos enemigos...
Mientras tanto mejor.
Desmentir es sucio y es en vano.
Como césped afeitado
que la duda se aferre a todo.
Y que lo dicho se coma las uñas.
a la sombra de este abismo
circulador.
¡Ruge! Ruge la henchida obstinación desenfrenada.
Perfora heridas potenciales,
reúne a tus bastardos a la mesa.
Dales todo lo guardado durante
la primavera en la despensa.
Esta temporada está abierta
a darse cierre en un chasquido.
No nos falta abrigo
pero nos abrigamos con lo que falta.
Basta ya de diccionarios,
suficiente ya de las guerras del ismo.
No somos enemigos.
No somos enemigos...
Mientras tanto mejor.
Desmentir es sucio y es en vano.
Como césped afeitado
que la duda se aferre a todo.
Y que lo dicho se coma las uñas.
Trasto viejo bien vestido
No hay tiempo más filoso que
éste que se mide en desventajas.
No hay venas más cargadas
que cartuchos de napalm y siesta húmeda.
Cierra tomada por las llamas,
meseta de plantación bochornosa.
La rumiante somnolencia de anteponerse
a la circunstancial pulcritud de paciencias
que me curan cuando hablo desde del yo
sin saber muy bien por dónde continuar,
Me agota a cada hora y momento,
si bien no llego tarde algo se demora.
No es la fila de entrada al carnaval
pero tampoco es como faltar a misa.
¡Qué centro estoy perdiendo en los cuadros!
¡Qué siniestro se ha vuelto el miedo!
Qué despacio se devoran las sobras
que hasta se confunden los capaces y los rapaces.
éste que se mide en desventajas.
No hay venas más cargadas
que cartuchos de napalm y siesta húmeda.
Cierra tomada por las llamas,
meseta de plantación bochornosa.
La rumiante somnolencia de anteponerse
a la circunstancial pulcritud de paciencias
que me curan cuando hablo desde del yo
sin saber muy bien por dónde continuar,
Me agota a cada hora y momento,
si bien no llego tarde algo se demora.
No es la fila de entrada al carnaval
pero tampoco es como faltar a misa.
¡Qué centro estoy perdiendo en los cuadros!
¡Qué siniestro se ha vuelto el miedo!
Qué despacio se devoran las sobras
que hasta se confunden los capaces y los rapaces.
lunes, 2 de julio de 2012
Acérrimo
La noche es una bestia.
La mañana también lo es
y el resto del día.
Pero no encuentro
tentáculos entre las doce
y la una.
Por eso,
anfitriones,
sospecho que las criaturas
son las de la noche.
Que desuellan,
en la superficie,
números y estandartes.
No es temprana
la amargura
de encontrar
las tripas,
los atajos,
los móviles
y algunas cerillas
sobre las mantas
al despertar
sobre la cama
todo roto.
La mañana también lo es
y el resto del día.
Pero no encuentro
tentáculos entre las doce
y la una.
Por eso,
anfitriones,
sospecho que las criaturas
son las de la noche.
Que desuellan,
en la superficie,
números y estandartes.
No es temprana
la amargura
de encontrar
las tripas,
los atajos,
los móviles
y algunas cerillas
sobre las mantas
al despertar
sobre la cama
todo roto.
domingo, 1 de julio de 2012
La pena sobria
No quisiera que le suceda, como a mí, de encontrarse sintiendo pena sobria. No hay nada peor que una pena sobria, la verdad. Fíjese, es como la mediocridad misma, tanto que provoca hundimiento. La pena sobria no daña, no golpea los intestinos y mucho menos descompone algún sistema como el nervioso o el circulatorio. Esta pena de la que cuento no llega ni al infarto.
Imagine que llega un domingo gris, nublado, húmedo, frío. Ni el café, ni la cocina y los aromas que un alquimista pueda sacar de ella, ni la cima sonora de escuchar música, ni los besos; nada lo retiene a uno fuera de apagarse. Parece que esta cosa aburrida que nos pasa, la pena sobria, no carcome con culpa, ni busca botones que apretar para que vuelvan los mecanismos del pasado. No logra nada de eso. No hace daño, ni le modifica la rutina siquiera.
Por eso uno va con todo contra la pared y busca poner en su cabeza el dolor que la pena no trae consigo. ¿Quién se culpa de pensar que las penas duelen? Estas penas apenas sí muestran dónde duele. Pero serán tan cómodas, que parece que tienen una habilidad de no hacerse cargo. Pena borracha rompe todo. Pena sobria lo insinúa todo.
A mí me pasa que viajo en el subterráneo Línea A y veo un poco eso: penas. Penas que no sacarán de la rutina a nadie, que no liberarán a ninguna doncella en peligro de sus miedos, que no harán al reconocimiento de las pasiones, que no formarán nuevos actores, nuevos artistas, nuevos simpáticos. La pena que conozco, así, bien sobria, no llegó a la revolución, porque hasta le molesta la evolución. La pena encaja en algún agujero de la frente, donde algo se haya perdido.
La pena sobria es un espejo. Apenas si muestra bien las cosas, uno siempre mira cualquier cosa en el espejo. Todo menos a la pena, que está ahí, diciendo que hay que doler. No pega, no acaricia, no da besos, ni abraza. Solo pide permiso de entrar. Y mientras más se convence ella, más nos alejamos de pertenecer.
Imagine que llega un domingo gris, nublado, húmedo, frío. Ni el café, ni la cocina y los aromas que un alquimista pueda sacar de ella, ni la cima sonora de escuchar música, ni los besos; nada lo retiene a uno fuera de apagarse. Parece que esta cosa aburrida que nos pasa, la pena sobria, no carcome con culpa, ni busca botones que apretar para que vuelvan los mecanismos del pasado. No logra nada de eso. No hace daño, ni le modifica la rutina siquiera.
Por eso uno va con todo contra la pared y busca poner en su cabeza el dolor que la pena no trae consigo. ¿Quién se culpa de pensar que las penas duelen? Estas penas apenas sí muestran dónde duele. Pero serán tan cómodas, que parece que tienen una habilidad de no hacerse cargo. Pena borracha rompe todo. Pena sobria lo insinúa todo.
A mí me pasa que viajo en el subterráneo Línea A y veo un poco eso: penas. Penas que no sacarán de la rutina a nadie, que no liberarán a ninguna doncella en peligro de sus miedos, que no harán al reconocimiento de las pasiones, que no formarán nuevos actores, nuevos artistas, nuevos simpáticos. La pena que conozco, así, bien sobria, no llegó a la revolución, porque hasta le molesta la evolución. La pena encaja en algún agujero de la frente, donde algo se haya perdido.
La pena sobria es un espejo. Apenas si muestra bien las cosas, uno siempre mira cualquier cosa en el espejo. Todo menos a la pena, que está ahí, diciendo que hay que doler. No pega, no acaricia, no da besos, ni abraza. Solo pide permiso de entrar. Y mientras más se convence ella, más nos alejamos de pertenecer.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)