Casi al llegar la escalera como a su viejo balcón,
sube la temprana astucia del recuerdo afecto
que presencia cosas raras y así mismo su dolor,
retrayendo sus ventajas en un último apagón.
Claros se ven los filos y un sin fin perfecto,
alarmante en sus espaldas, alejado de su don
de quebrarse como siempre ante el estupor
para concluirse en su infalible respuesta final
sobre la que todos caen desganados con ardor.
Y los pies de hiedra palpan iluminación:
Mientras que se cuente historia del estado terminal,
como válida certeza de tener con qué contar
cuando el tiempo robe al tiempo y vuelva a dar
caprichosos agujeros en los que decidió parar.
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