miércoles, 30 de mayo de 2012

Inventemos el final


Sobre la terraza oro y plata habían. Mi compañera, la más hermosa de las compañeras, se había desnudado frente a mí con habilidad, agilidad, vocación, deseo y valentía. Valentía. Por mucho que pensara esa situación a criterio de ventajas, no podía dejar de pensar en cómo me vería desnudo al momento de tener que dejar mis ropas a un lado. Nunca estuve seguro de mi pecho, ni de mis piernas. Ella me ve mientras yo me ocupo de juzgar por los dos. Opinión incontable.
Ya pasaron varios minutos desde que empecé a mirarla de pies a cabeza y todo apunta a que si en algún momento no termino de observarla para empezar a ser observado, la estabilidad se pierde. Un segundo para ser un jugador sucio, dos segundos para ser un enfermo. En inglés suena mejor: sick pervert. Es la denominación más ocurrente por ahora.
Primero los botones: de a poco y tranquilo, con movimientos que logren resaltar la masculinidad que me justifica hoy. Los botones de las mangas para luego, tras haber guiñado un ojo, sonreír y empezar por los que más importan, de arriba hacia abajo. Los pantalones serán un problema, así que mejor empezar a llevarme a donde su cuerpo me espera. La acaricio por entre las piernas, subo por su vientre, beso sus pechos, la tomo del brazo. Noto su piel erizada; sopla un viento de primavera que se lleva consigo todo engaño.
Máquina de cuerpo. Dos cuerpos necesarios para la máquina. Amar.jpg
Relaciones increíbles han conducido mi suspiro hacia el más remoto eco de lo que gime allá donde cae una gota en lo desconocido. Tan confuso como describir el nacimiento de las cosas. Mi posibilidad muere con esa máquina. Dos personas, una máquina, mecanismos y dos personas que forman una máquina.

domingo, 13 de mayo de 2012

Distancia (confesión indecorosa)


Se deben a tus gritos que la ciudad,
enteramente tomada por los aciertos,
repita sin aliento la pena sombría
al barajar la vorágine de su misma distancia.

Esta cosa que no recibe nombre
quiere tener relación amorosa
con soluciones fisiológicas perversas
que se resisten a su naturaleza violenta.

Lo que miran, sin embargo, mis amistades,
es un conjunto de adaptaciones al cambio
que radican en sus corazones llenos de pena,
envueltos en la gloria del minuto noventa y dos.

Deposita, mi erupción aclamada por la ciencia,
una lista de preguntas que se responden
en justa y sana cuenta regresiva que no se contar
para devolverme el derecho del hastío.

Por lo pronto esa distancia me une:
el cenit se yergue sobre el deseo incumplido,
horizontal de que ferozmente esté lejos
la posibilidad de concretar un beso en tiempo récord.

Esas ropas me contaminan el perfume.
La sonrisa faltante se presenta
para terminar con todo el misterio,
para decir desde mi boca aquello que no digo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un cantito

Están volviendo las lavanderas
por la noche han de llegar
no se lavan las banderas
aunque siempre ha de marchar.
Y está creciendo una panza llena
inapetente y sin devorar.
Se junta el hambre con el invierno,
Castañuelas deberían sonar.
Ya los niños están inmersos
en sus reglas de subrayar.

Y rompen así, así los vidrios rotos.
Hacen el caos como me gusta a mí.

domingo, 6 de mayo de 2012

Jesús de las copas

Ay, de mí, no de vos.
Ay de vos, si es que yo...
Pasame un vaso, o dejá
mejor así.
Mucho mejor así.
No está bueno así.
No me mires.
¿Qué te pasa?
Ladrones... gente fea.
Ahora son todos lindos,
porque me los tomé.
Me llevan los diablos,
y me pelean acá cerca
en un galpón donde duermo.
Recibo dos o tres porrazos
mínimo.
(Se cae dormido y
se atora, despertando)
¿Qué le hago, Dios?
Diosito mío.
Yo ya te perdí el rumbo,
y me fui, lejos me fui.
A escabiar de tus manos.
¿Porqué lo hiciste
si yo me pierdo de todo así?
Ahora no encuentro mi casa
y encantado de saber si tengo casa.
Me dejás vaciarme
pero me lleno solito.
Lo que pasa, señor,
es que usted lo hace todo bien.
Jesús es por demás un maestro de la seducción
y a mí me falta un diente.
El pobre murió por mí
como murió por todos
y no me acuerdo mi nombre.
A partir de ahora me llamo Jesús.
Porque yo quería ir a buscarte,
Diosito mío, te quería buscar.
Lo que pasa es que tomo
y tomo.
Mal me pasa, pero acá entre nos:
Vos me hacés comer pan
que es tu carne.
Pero la carne la compro yo
y hago asado.
Y no estoy comiendo pan,
sino carne en serio.
Y cuando tomo vino
querés que piense en tu sangre
pero a mí me da por pensar
en la costilla de Adán.
(Tres mujeres lo toman y se lo llevan)
¿Entendés?
Sacame una costilla.
Vamos al oscuro
y sacámela.

viernes, 4 de mayo de 2012

Retrato de transportes

Llega a volvernos colonia,
se hace presente en la casa entera
y mientras sus abrigos caen
al mismo tiempo que esperamos
emerge una mirada de no decir nada.
Despacio, se sienta,
lento, ingiere,
suave, toma su vaso,
precioso, el sonido de la tarde
y el resto de las cosas que haga.
Miramos tontos, locos,
se reúne con el recuerdo
de todas las mujeres
con las que caímos alguna vez
y conspira.
Es el despojo, el encierro,
también lo que se diga libre,
y llama al río por su nombre.
Ríe al mismo tiempo que desespera
y se echa a correr
sin rumbo, ni cosa, ni lumbre.
En algún momento,
de todas las vueltas
que doy por la cocina,
se interpone entre el ansia,
cierra la puerta,
tiene frío.
Pero nunca va a decir que tiene frío.
¿Cómo podría decirlo?
Si es como una entera versión de mis pagos.