Ay de vos, si es que yo...
Pasame un vaso, o dejá
mejor así.
Mucho mejor así.
No está bueno así.
No me mires.
¿Qué te pasa?
Ladrones... gente fea.
Ahora son todos lindos,
porque me los tomé.
Me llevan los diablos,
y me pelean acá cerca
en un galpón donde duermo.
Recibo dos o tres porrazos
mínimo.
(Se cae dormido y
se atora, despertando)
¿Qué le hago, Dios?
Diosito mío.
Yo ya te perdí el rumbo,
y me fui, lejos me fui.
A escabiar de tus manos.
¿Porqué lo hiciste
si yo me pierdo de todo así?
Ahora no encuentro mi casa
y encantado de saber si tengo casa.
Me dejás vaciarme
pero me lleno solito.
Lo que pasa, señor,
es que usted lo hace todo bien.
Jesús es por demás un maestro de la seducción
y a mí me falta un diente.
El pobre murió por mí
como murió por todos
y no me acuerdo mi nombre.
A partir de ahora me llamo Jesús.
Porque yo quería ir a buscarte,
Diosito mío, te quería buscar.
Lo que pasa es que tomo
y tomo.
Mal me pasa, pero acá entre nos:
Vos me hacés comer pan
que es tu carne.
Pero la carne la compro yo
y hago asado.
Y no estoy comiendo pan,
sino carne en serio.
Y cuando tomo vino
querés que piense en tu sangre
pero a mí me da por pensar
en la costilla de Adán.
(Tres mujeres lo toman y se lo llevan)
¿Entendés?
Sacame una costilla.
Vamos al oscuro
y sacámela.
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