miércoles, 27 de junio de 2012

Si vieras

Ando trabajando mucho en ver
cómo desde la sábana y el atardecer
aparecen las mismas frases
o estas contadurías de toda clase.

Registro todo, en tu muñeca,
que si percibe mi tinta se escuda
en arrebatos de ilusión terca
para lograr una memoria muda.

No tengo acuerdos serios con tu perfume,
tampoco resisto que me grites.

El resto de tu cuerpo asume,
por demás, las caras grises
que puedo repentinamente tener
pero lastimosamente retener.

No me importa que te enojes.
Solo quiero que como yo, anotes:
Una servilleta, una cerbatana.
Es lo que pierdo de la noche a la mañana.


Un segundo

Y por lo que siempre perdí de vista hoy te traigo de nuevo. Aquí estás, tonta, a mi lado. No te rías, no seas mala. Si te reís no hay otra que descender, lentamente, al equívoco lugar de siempre. No te rías por favor.
Hablemos del clima, eso me encanta. Contame algo idiota, mostrá la hilacha, reíte con espasmos porcinos, no se. Hacé algo para sostenerme arriba, donde no caigo. No caigo. Te vas a reír, al final, si siempre pasa lo mismo. No te rías de mí, por ahí me confundo y siento que es conmigo. Nada tiene que ver conmigo si estás presente en la sala, entre todas las cosas que arman el paisaje sonoro. Suenan tantas voces alrededor, más difícil es para mí escucharte. Mejor que lo haga así, con distracciones. Podría jurar que antes sabía cómo ir a decir las cosas. Te reíste. Auch. Te quiero.

lunes, 18 de junio de 2012

Seducción (fracaso)

Quiero invadir tu ciudad.
 Lo quise desde siempre.
Tanto tiempo tuve en mente
este momento claro      de asombros.
Asombros que ahora son
                mi deseo más preciado.

Vivo para ser devoto
 de toda guerra cometida,
de toda instrucción de      competencia,
de alcance,  de pena.
       Devoción inmediata a las cabelleras
             doradas del mástil gallardo de tu pueblo.

Se dice rebelde, todo cuerpo dorado.
Se repite mártir, aquel prendido en llamas.