jueves, 26 de abril de 2012

A la voz de

Mientras camino pienso en lo hermoso que sería detener las luces del semáforo, el freno de los vehículos, el estómago de las pancartas. Se de algún modo que terminaría bien por más que pensemos en una tragedia. Abrazaría a los que salen a verlo, los autos volarían sobre nuestras cabezas, se perdería noción del tiempo. Habría magia. Esos torpes tonos amarillos no llegarían a la escena o se perderían en el camino, ya que nadie ha salido dañado, nadie ha sido lastimado. Solo vuelan.
Al mismo tiempo, no muy lejos, se incendiaría un local de café artesanal. La ciudad entera despierta, es eso a lo que quiero llegar. La ciudad entera inundada de café y música en el vientre. Asistirían a sus hijos que se despiertan curiosos para llevarlos consigo al espectáculo. Al mismo tiempo caerían meteoritos sobre nuestras cabezas. Por cada hombre, mujer, animal despierto, una gran piedra detonada en nuestro extremo norte. Seríamos todos juntos una belleza que se derrama por los desagües. No hay daño, no hay dolor, no hay rojo ni de carne ni de bomberos. Solo alegría.
Un subterráneo chocaría con otro subterráneo y se correrían carreras en las peatonales, para ver quién ha dominado la disciplina del capital. Los perdedores ganan su derecho a réplica. La calle se repite.

La avenida se repite.

La luna se desviste.

Y la vereda se desnuda para la calle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario