Agua que voy a encontrar
bebiendo de tu copa, derramándolo todo.
Seré yo la lluvia mansa
que se esparcirá en tu cielo, que alimentará a tus hijos.
Me pronunciaré dueña de la leche,
origen de tu pueblo, tierra donde tus semillas.
Veremos el futuro como el río
que viene a inundar los caminos,
para humedecer la gracia y las pasiones.
Y entonces dormirás, seguro entre mis pechos.
Te daré el sueño más poderoso de los hombres
para que despiertes hambriento de mí
durante el desayuno.
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