Sobre la terraza oro y plata habían. Mi compañera, la más hermosa de las compañeras, se había desnudado frente a mí con habilidad, agilidad, vocación, deseo y valentía. Valentía. Por mucho que pensara esa situación a criterio de ventajas, no podía dejar de pensar en cómo me vería desnudo al momento de tener que dejar mis ropas a un lado. Nunca estuve seguro de mi pecho, ni de mis piernas. Ella me ve mientras yo me ocupo de juzgar por los dos. Opinión incontable.
Ya pasaron varios minutos desde que empecé a mirarla de pies a cabeza y todo apunta a que si en algún momento no termino de observarla para empezar a ser observado, la estabilidad se pierde. Un segundo para ser un jugador sucio, dos segundos para ser un enfermo. En inglés suena mejor: sick pervert. Es la denominación más ocurrente por ahora.
Primero los botones: de a poco y tranquilo, con movimientos que logren resaltar la masculinidad que me justifica hoy. Los botones de las mangas para luego, tras haber guiñado un ojo, sonreír y empezar por los que más importan, de arriba hacia abajo. Los pantalones serán un problema, así que mejor empezar a llevarme a donde su cuerpo me espera. La acaricio por entre las piernas, subo por su vientre, beso sus pechos, la tomo del brazo. Noto su piel erizada; sopla un viento de primavera que se lleva consigo todo engaño.
Máquina de cuerpo. Dos cuerpos necesarios para la máquina. Amar.jpg
Relaciones increíbles han conducido mi suspiro hacia el más remoto eco de lo que gime allá donde cae una gota en lo desconocido. Tan confuso como describir el nacimiento de las cosas. Mi posibilidad muere con esa máquina. Dos personas, una máquina, mecanismos y dos personas que forman una máquina.
Primero los botones: de a poco y tranquilo, con movimientos que logren resaltar la masculinidad que me justifica hoy. Los botones de las mangas para luego, tras haber guiñado un ojo, sonreír y empezar por los que más importan, de arriba hacia abajo. Los pantalones serán un problema, así que mejor empezar a llevarme a donde su cuerpo me espera. La acaricio por entre las piernas, subo por su vientre, beso sus pechos, la tomo del brazo. Noto su piel erizada; sopla un viento de primavera que se lleva consigo todo engaño.
Máquina de cuerpo. Dos cuerpos necesarios para la máquina. Amar.jpg
Relaciones increíbles han conducido mi suspiro hacia el más remoto eco de lo que gime allá donde cae una gota en lo desconocido. Tan confuso como describir el nacimiento de las cosas. Mi posibilidad muere con esa máquina. Dos personas, una máquina, mecanismos y dos personas que forman una máquina.
"Nunca estuve seguro de mi pecho, ni de mis piernas" es un sentimiento/pensamiento bastante universal en dicha situación, lo que pasa es que nadie quiere admitirlo. Por lo demás, me gustó mucho el escrito.
ResponderEliminarEspero el siguiente ataque Liévico...